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Vamos a la Praia

Una casa en la arena, impactante, sutil, realmente poética, así es “Casa na areia” obra de Studio MK27, liderado por el renombrado arquitecto brasileño, Marcio Kogan. Una propiedad ubicada en el litoral de Trancoso, que literalmente, es una belleza. Fotos: Fernando Guerra.

 

Con vistas al océano atlántico, la «casa de arena» del estudio MK27 casi desaparece en su terreno costero en el noreste de Brasil. Rodeada de árboles tropicales en el estado de Bahía, la casa de playa, se eleva sobre una plataforma de madera que sostiene cinco volúmenes cerrados, toda la plataforma está cubierta por una pérgola de eucalipto permeable sostenida por 14 marcos de madera laminada. Tanto la cubierta como el dosel superior están perforados por varios árboles que brindan a los residentes una fuente constante de sombra.

 

Así es la casa que el fundador de la marca de moda Paule Ka, Serge Cajfinger soñaba con tener, y además soñaba que Kogan fuera el arquitecto, fue él quien le aconsejo a Serge comprar este terreno de 6500 metros cuadrados y posar ahí su futura propiedad de 800 metros cuadrados, la que esta a 60 metros de la arena y a 10 metros de la carretera, protegida por un alucinante bosque tropical, donde se encuentra una espectacular piscina con forma de serpiente.

 

Esta casa horizontal –sello indiscutible de Kogan- posee cinco volúmenes, cada uno se enfoca en una sola función: cocina, living. Comedor, pieza principal, piezas de invitados. La terraza se transforma en el elemento de conexión de toda la propiedad y permite a sus habitantes desplazarse con fluidez por los distintos espacios. Al disolver los límites entre el espacio externo e interno, el proyecto puede armonizar con la naturaleza, convirtiéndose así en parte del paisaje natural.

 

Separada de la estructura principal, una piscina se coloca más cerca de la costa, sin embargo, en lugar de líneas nítidas y ángulos rectos, la piscina tiene una forma más natural y orgánica que le permite entrar en diálogo con la casa y con el jardín el que fue proyectado por Isabel Duprat, discípula de Burle Marx y quien en vez de talar árboles, decidió plantar 100 más.  Esta selva creada y recompuesta logra resguardar la vivienda y crear un rico juego de luces dentro de esta.

 

En el interior podemos observar  la colección de arte francés y de diseño Mid-Century que poseía el dueño. Sillas de Charlotte Perriand, lámparas de Noguchi,  una mesa de comedor de Roger Capron y un sillón diseñado por Jean Gillon, se unen a piezas hechas por artesanos locales, estas mezclas si bien parecen impensables, cobran todo el sentido cuando el equipo de interiorismo de Studio MK27 esta a cargo.

 

Finalmente esta propiedad es un ejemplo de buena arquitectura, sin estridencias que respeta el terruño donde se posa, un paraíso en la tierra, que su dueño cuida día a día.